Txema Olleta
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8 de marzo...y ahora ¿Qué?

El pasado jueves 8 de marzo se produjo un hecho histórico. El grito unánime de millones de mujeres clamando por su libertad y su dignidad en todo el mundo. Un hito que, estoy seguro, supone el inicio de la cuarta oleada feminista. Europa no fue ajena a este momento, ni España tampoco. Y también en las capitales de Euskalherria, la marea morada hizo tambalear los cimientos de una sociedad dominada por el patriarcado.

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2018/03/14 09:43

Seguramente se harán muchas valoraciones diferentes, más o menos interesadas y tergiversadas, pero si hay algo incuestionable es que este 8 de marzo ha supuesto la mayor movilización de mujeres en la historia. Y solamente por eso, estoy seguro que marcará un antes y después en la lucha por la igualdad plena. Me importa muy poco si el número de mujeres que han hecho huelga laboral es pequeño. Sin contar con que muchas mujeres no habrán podido hacerla, lo cierto es que, si solo nos fijamos en los datos laborales, no habremos entendido nada de la huelga. Solamente la enorme movilización en los meses y días previos al 8 de marzo tiene mucho más valor que lo que se movió ese mismo día. Todo el trabajo previo en las asambleas y comisiones organizadoras feministas ha supuesto una movilización sin precedentes que como decía más arriba, ha hecho tambalear toda la estructura patriarcal y les ha revuelto en sus sillones. Empezando por la patronal, el gobierno, los partidos políticos para acabar con los sindicatos, a quienes les pilló con el paso cambiado y que no tuvieron más remedio que sumarse a un tren que les pasaba por encima, convocando unas horas de paro dependiendo de si eran unos sindicatos u otros. Soy sindicalista desde hace muchos años pero tengo que decir que me sentí profundamente decepcionado por la respuesta sindical, independientemente del color político de cada uno.

Pero insisto, si solo lo enfocamos en la cuestión laboral es que no hemos entendido nada. Y aquí es donde los hombres tenemos mucha responsabilidad. Porque la huelga era también de cuidados. Si, esas tareas que casi siempre tienen que realizar las mujeres mientras nosotros nos situamos en una zona de confort más o menos complaciente o progresista. Y no hablo solo de las paternidades corresponsables, que parece que ahora se han convertido en el fin último de la igualdad, cuando en realidad solo es una parte pequeña de la misma. Porque los cuidados van mucho más allá de los hijos e hijas.

La pregunta a hacerse el día después sería ¿y ahora que? Pues cada una de las partes implicadas tendrá que asumir sus responsabilidades y dar respuesta a las demandas de las mujeres en función de sus posibilidades legislativas, laborales, etc. Pero los hombres, en nuestro día a día, también tenemos las nuestras. La primera, que no hagamos oídos sordos a lo que las mujeres han demandado de nosotros: implicarnos en el reparto de las tareas domésticas, de los cuidados en el sentido más amplio de la palabra, que seamos agentes activos tanto en la lucha contra la violencia machista más virulenta como contra los pequeños micromachismos que impregnan nuestra vida más cotidiana.

La segunda, que hagamos el trabajo necesario para deconstruir ese modelo de masculinidad hegemónico y renunciemos a los privilegios que la sociedad patriarcal nos ha concedido. Y tercero, que las acompañemos, que vayamos de la mano con ellas en el camino hacia una sociedad plenamente igualitaria, sin ser los protagonistas, sin ocupar su espacio, con toda humildad, porque cada día de nuestra vida tiene que ser 8 de marzo.

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