Txema Olleta
Los grupos de hombres igualitarios

Tradicionalmente, el movimiento de hombres por la igualdad se ha articulado a través  de los grupos de hombres. Ya sea porque descubrimos todo el nuevo mundo que significa  aplicar la cuestión de género a nuestras vidas, ya sea porque necesitamos hablar de algo que  nos pasa y que no sabemos muy bien qué es, lo cierto es que, habitualmente, hemos tendido a  crear un espacio común con otros hombres con los que poder intercambiar nuestros  pensamientos y sentimientos.

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2017/04/20 13:05

Los grupos de hombres por la igualdad son el más formidable –e  imprescindible- instrumento de cambio que tenemos. Permiten crear un espacio de  comunicación, en el que se crea una especial complicidad y en el que se facilita el cambio  necesario en sus participantes. En los grupos de hombres, muchos de nosotros encontramos los  referentes necesarios de los que carecemos en el exterior.

El comienzo no es fácil. Hay que tener en cuenta que las características y circunstancias  anteriormente descritas configuran una situación que rompe, totalmente, con los esquemas  relacionales a los que estamos acostumbrados los hombres. En cualquier caso, sí es importante  situarse en la adecuada perspectiva. Un grupo de hombres no es un lugar para la reflexión  intelectual y/o teórica. Y no es que no pueda hacerse este ejercicio mental pero, desde luego,  nunca puede ser lo fundamental de un grupo. Como tampoco debe ser un grupo de terapia a  pesar de que a veces lo pueda parecer. Más bien debemos mirar hacia lo personal. Cada uno de  los miembros del grupo debe mirar hacia dentro, hacia sí mismo, hacia su propia historia y,  sobre todo, hacia su mundo emocional-afectivo. También hacia su vida personal y familiar, pues  ahí encontrará el espejo perfecto que le devolverá la verdad sobre sus actitudes y valores.

Pero no es fácil. Los hombres no solemos tener trayectoria ni experiencias previas en  mirarnos hacia nosotros mismos y hablar desde lo personal. Y esto se hace aún más difícil si,  además, hemos de incluir la perspectiva de género, ya que habitualmente hemos considerado  que esta cuestión sólo afectaba a las mujeres y, por tanto, no la tenemos incorporada a la  visión de nuestra propia vida. Una vez superado el primer escollo de la vergüenza a mostrarnos  ante los demás, cientos de temas se abren ante nosotros; el poder, la sexualidad, la relación  con nuestra pareja, con nuestros hijos e hijas, con nuestro padre y madre, con el trabajo, con  las mujeres, nuestro mundo afectivo y emocional…

El grupo nos ayuda en muchos sentidos: Nos apoya en nuestros momentos de crisis y  dudas, nos gratifica en nuestros avances y nos refuerza en nuestros posicionamientos. Un  grupo de hombres se convierte en un motor de cambio que catapulta a sus miembros a nuevos  escenarios de búsqueda, de libertad y de desarrollo personal. No hay bromas sobre nuestros  errores, inseguridades o vulnerabilidades. Todo al contrario, cuando salen estas cuestiones –lo  cual es bastante habitual- los otros hombres del grupo empatizamos con el que habla y  aprovechamos para mirarnos a nosotros mismos a través del espejo que el compañero nos está  facilitando.

Otra característica imprescindible de los grupos de hombres es el auto-cuestionamiento  del papel que hemos desempeñado y seguimos haciéndolo como productos –muy bien  elaborados- de una sociedad milenariamente machista. Este es, precisamente, el fundamento  de los grupos de hombres, el motivo de su existencia. Necesitamos espacios en los que  pongamos en cuestión nuestras propias actitudes, muchas veces invisibilizadas. No podremos  transformar la sociedad si primero no nos transformamos a nosotros mismos.

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