Iratxe Urizar
Iratxeurizar
Aprendiendo a cuidarnos

Asisto estos días con un escalofrío a las crónicas sobre el juicio contra los guardia civiles que torturaron a Sandra Barrenetxea. Algo absolutamente excepcional, sentar en el banquillo a los responsables de su tormento y el de tantos otros y otras.

Loading player...
2017/03/17 11:32

Nada nuevo en sus declaraciones (fue una detención normal, trato exquisito, frases que conocemos de sobra) ni en las de médicos forenses de la Audiencia Nacional que nunca ven nada, mostrando su profesionalidad, eso está claro. El problema es que su profesionalidad no viene del ámbito de la medicina (juramentos hipocráticos y cosas de esas) sino de otro tipo de oficio con tonalidades más verdes. De hecho, ya les ha valido una denuncia ante la Asociación Médica Mundial. Pocas sorpresas.

Sin embargo, no paro de dar vueltas a la imagen de Sandra teniendo que repetir una vez más su testimonio y lo más aberrante de todo, ante quienes la detuvieron (no es la primera, pero en este caso se supone que es un juicio contra ellos, no contra ella!). Un ejercicio de revictimización infame. Debo entonar sin embargo el mea culpa: como abogada en casos de tortura, reconozco mis prisas en obtener un testimonio detallado cuanto antes para poner en marcha la maquinaria legal y poder activar la denuncia, pese a la opinión de los y las psicólogas, que desde luego anteponían el bienestar de quien había pasado semejante experiencia traumática y recomendaban calma.

Pero es que los textos legales son obstinados: para perseguir a los responsables debíamos saber con detalle si cuando amenazaban con hacer esto o aquello pasaba de amenaza o si efectivamente lo realizaron. Los juzgados no entienden de expresiones como la de Miren Azkarate, que con solo 18 años y estando en comisaría en una de las sesiones donde era torturada le pusieron una pistola en la mano, la llevó a la sien y disparó “no tenía balas; hoy me alegro, entonces me dije mierda”. No existe en la “descripción de los hechos” de ninguna denuncia por torturas palabras capaces de reflejar algo así.

Recuerdo la sala de visitas de Soto del Real, acompañada de tres abogados irlandeses que sin duda no podrán olvidar ese día, en el que nos entrevistamos con Eneko, con Egoitz, con Sandra… y nos relataron lo vivido. Recién salidos de la incomunicación. Relatando el horror que todavía se reflejaba en sus ojos. Esa denuncia recorrió Europa, estos abogados lo contarán allá donde vayan, lo vieron con sus ojos, lo escucharon sus oídos. Pero no pensamos en lo que para los torturados suponía revivirlo.

Insisto, entono el mea culpa. Las abogados y abogadas hemos sido en numerosas ocasiones las primeras personas en escuchar estos relatos y nuestra intención siempre fue que ese crimen no quedara impune interponiendo una denuncia  lo más detallada posible sin reparar (en ese momento) en la perspectiva de recuperación terapéutica de la víctima.

Pero hoy pienso que con la excepción de contadas ocasiones deberíamos dejar de ser demasiado explícitos en el relato de estas experiencias, que no hacen sino dificultar la recuperación tanto de la persona que lo cuenta y revive la situación en cada relato, como la de miles y miles de ciudadanos y ciudadanas de Euskal Herria que han vivido exactamente lo mismo y se reconocen en cada una de las palabras.

ERLAZIONATUTAKO ALBISTEAK